Historia y fotos

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Su llegada a Buenos Aires y la devoción a Nuestra Señora Madre de los Emigrantes

El culto de Nuestra Señora Madre de los Emigrantes

«Démosle al emigrante una Madona, símbolo de Religión y de Patria. Que sirva para hermanarlo y mantenerlo en los insustituibles valores espirituales, tantas veces en peligro y olvidados». Estas palabras, pronunciadas en 1953 por el padre Erminio da Treviglio, dieron origen al culto de la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora Madre de los Emigrantes. La primera imagen sería coronada en 1955 por Su Santidad Pío XII y, desde entonces, el culto se expandió por el mundo entero, llevando consuelo, esperanza y solidaridad a todos los emigrantes.

Insigne honor para Argentina

Argentina, nación forjada por la inmigración, recibió el privilegio de custodiar la imagen primitiva de Nuestra Señora Madre de los Emigrantes. El pedido del Mayor Eduardo A. Olivero y el apoyo del entonces Arzobispo de Milán, Monseñor Juan Bautista Montini, lograron que la entidad Bontá Francescana donara la imagen original al pueblo argentino. Ese «místico puente entre Roma y Buenos Aires» se concretó con la donación de la imagen y la lámpara votiva encendida durante su coronación.

Triunfal recibimiento

Transportada en el transatlántico Giulio Césare, la imagen llegó a Buenos Aires el 16 de noviembre de 1956 y recorrió el país recibiendo la devoción de miles de emigrantes. El 2 de diciembre de 1956, coincidiendo con el Día del Inmigrante, fue recibida en La Boca por las máximas autoridades del país; ese mismo día el Papa Pío XII envió un mensaje radial especial al pueblo argentino.

Un milagro de fe y solidaridad

Fue el propio Pío XII quien alentó la construcción de un santuario digno para la imagen original. La Asociación Argentina Amigos de Italia, encabezada por el Mayor Eduardo A. Olivero y con el entusiasmo del padre Adelino De Carli, impulsó la construcción en el barrio de La Boca. Así nació el santuario que hoy custodia la imagen original, signo de la fe, el amor y la solidaridad de un pueblo agradecido.